III. Videoelectrónica
El tiempo del ensueño.

1985

Buenos Aires

¡Dígalo con mímica!

Es tan ancestral como el primer humano que se sintió humano. Alrededor de la hoguera encendida con esos fuegos que tanto costó dejar de temer, esas llamas que por fin conquistadas dieron luz en la opacidad de la noche, trajeron tibiezas y ablandaron las carnes duras de mamuts y bisontes. Allí, sentados en corro, los hombres miran la luna y las estrellas, y sueñan despiertos. Allí, reunidos frente al resplandor, alguno más achispado que sus compañeros de horda empieza a contar a los trompicones una primera historia, atrayendo todos los oídos.

Otra noche, tal vez el mismo lenguaraz, más desatado, se arropa con una piel de lince o se calza una cabeza descarnada de íbice con su cornamenta en forma de V. Las miradas de la horda entera se le clavan y sus bocas de asombro lo impulsan a más. Alguno, precavido, manotea su garrote. El cazador de pronto se convierte en pieza de caza, copia los movimientos del felino o de la cabra. Los conoce tan bien que se transforma en uno de ellos. Ruge, bala, maúlla, resopla, ladra, berrea y fascina a sus camaradas, que le piden repetir todas las noches. Algunos se empiezan a animar y lo secundan imitando a otros bichos. Se arma la «gran fiesta gran» en la puerta de la cueva.

Miles de siglos después, en los cumpleaños infantiles, los chicos siguen haciendo lo mismo que los tatarabuelos cavernícolas. Ya no se ponen la piel de ninguna fiera, porque esas solo las ven en el zoo y en los documentales que pasan en TV.

En Dígalo con mímica, la horda infantil se divide en dos grupos. Por turnos, a uno de ellos le toca transmitir a los homúnculos de su equipo
–sin hablar– una frase o el nombre de una película, o cualquier otra ocurrencia. Los demás tienen que adivinarla. Y así más de uno se sorprende con el histrionismo del tímido o lo vergonzoso que resulta el parlanchín.

Una versión del mismo juego es el Pictionary, donde se reemplaza la actuación por el lápiz.

 


Marvin Clock

[01:198:238]

Pin It

NAVEGACIÓN LINEAL | I. | II. | III. Videoelectrónica - 111 - 112 - 113 - 114 - 115 - 116 - 117 - 118 - 119 - 120 - 121 - 122 - 123 - 124 - 125 - 126 - 127 - 128 - 129 - 130 - 131 - 132 - 133 - 134 - 135 - 136 - 137 - 138 - 139 - 140 - 141 - 142 - 143 - 144 - 145 - 146 - 147 - 148 - 149 - 150 - 151 - 152 - 153 - 154 - 155 - 156 - 157 - 158 - 159 - 160 - 161 - 162 - 163 - 164 - 164.1165 - 166 - 167 - 168 - 169 - 170 - 171 - 172 - 173 - 174 - 175 - 176 - 177 - 178 - 179 - 180 - 181 - 182 - 183 - 184 - 185 - 186 - 187 - 188 - 189 - 190 - 191 - 192 - 193 - 194 - 195 - 196 - 197 - 198 - 199 - 200 - 201 - 202 - 203 - 204 - 205 - 206 - 207 - 208 - 209 - 210 - 211 - 212 - 213 - 214 - 215 - 216 - 217 - 218 - 219 - 220 - 221 - 222 - 223 - 224 - 225 - 226 - 227 - 228 - 229 - 230 - 231 - 232 - 233 - 234 - 235 - 236 - 237 - 238 - 239 - 240 - 241 - 242 - 243 - 244 - 245 - 246 - 247 - 248 - 249 - 250 - 251 - 252 - 253 - 254 - 255 - 256 - 257 - 258 - 259 - 260 - 261 - 262 - 263 - 264 - 265 - 266 - 267 - 268 - 269 - 270 - 271 - 272 - 273 - 274 - 275 - 276: Epílogo - 277 - 00.