III. Videoelectrónica
El tiempo del ensueño.

1983

Desierto de Alamogordo, Nuevo México

Una Navidad de otro mundo

Los veinte camiones que van en fila echando polvo por el paisaje reseco serán noticia al día siguiente. El director de Warner había cerrado contrato con Steven Spielberg. Por veinte millones de dólares, tal vez veinticinco, Atari podía hacer el juego de la película más taquillera del verano, la primera donde los extraterrestres son buenos. Pero faltaban apenas cinco semanas para la Navidad y Kassar puso el grito en el cielo, y más allá del cielo.

—¡Nunca se ha hecho un juego de acción inspirado en una película de aventuras! –justificaba, en vano.

El elegido fue el diseñador Howard Scott Warshaw, genio de veinticinco años, autor de dos éxitos recientes, Yars’ Revenge y Raiders of the Lost Ark. Por inconsciente, y por doscientos mil billetes de dólar, había agarrado viaje. Trabajó sin descanso por más de un mes. E.T. debía buscar tres partes de un teléfono intergaláctico escondidas al azar dentro de unos pozos, a donde se caía fácil y se salía levitando. Al pequeño enano cogotudo lo perseguían agentes del FBI y otros muchachos para diseccionarlo, y cada tanto lo ayudaba su amigo, el niño humano Elliot. Por suerte, tenía una barra de energía para rellenar con caramelos de marca. Cuando el alienígena armaba el aparato y pegaba el telefonazo, una enorme nave nodriza venía al rescate y el juego volvía a empezar para sumar puntos de score.

No estaba mal, teniendo en cuenta el escaso tiempo. Kassar mandó a fabricar cuatro millones de cartuchos de urgencia y quedó a la espera de una Navidad de otro mundo. Se vendieron casi todos, y en un mes estuvieron de regreso amontonados en el depósito de Atari. Es el peor juego de la historia, decía la gente y repetían los periodistas; o quizás era al revés, o las dos cosas. Nadie entendió que de los pozos se salía levitando, porque se explicaba en el manual y nadie leía los manuales. Además, buscar puntitos negros al azar era astronómicamente aburrido.

Un desastre. Warner se había enfurecido con Kassar, y Kassar con Warshaw, y Warshaw con la vida. Las finanzas de la compañía se desbarrancaron y, junto con los cientos de clones mediocres de cada juego, que cansaban a la gente, de paso abrumada por la situación económica del país, bajaron el telón para Atari, y esto fue un golpe muy duro para todas las demás empresas.

Los largos camiones negros se detienen en el vertedero de Alamogordo, y allí dejan, enterrados y bajo una capa de cemento, casi ochocientos mil cartuchos de E.T. the Extra-Terrestrial y algunos otros juegos. Es más barato deshacerse de la carga inútil que pagar depósito. Y junto con Atari entierran también un fabuloso período de creatividad y progreso.

 


Marvin Clock

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