III. Videoelectrónica
El tiempo del ensueño.

1982

Atlantic City, Nueva Jersey

Los niños no deben jugarlo

Montones de estudios hacen juegos para Atari 2600, ya que Warner no puede impedirlo por orden del juez, que sentencia: Activision, y cualquier otra empresa o persona, tiene libertad de crear y vender juegos para la consola. Y así sobreviene una lluvia interminable de cartuchos de Atari 2600 que no hace Atari ni puede controlar. Casi todo es clon de un clon, y todos quieren treparse al negocio.

La consola está en millones de hogares estadounidenses y en cientos de miles en el resto del mundo. El público trafica como loco, compra y compra tentado por las hermosas etiquetas que promocionan los nuevos cartuchos, sólo para darse de narices con la misma idea con ligeras variantes. Entonces Mystique, una empresa chiquita, como la mayoría, sale con una verdadera novedad: Custer's Revenge es un juego exclusivo para adultos. La caja advierte: los niños no deben jugarlo. Y lo que el jugador descubre al insertar el cartucho y encender el televisor es tremendo para la época.

La vista es lateral: un vaquero rosadito vestido solo con sombrero y botas, armado con una enorme erección. El objetivo es caminar de izquierda a derecha de la pantalla mientras esquiva una lluvia de flechas que viene del horizonte. Y este cowboy desnudo y dispuesto va hasta un poste donde tiene atada a una india desnuda, de píxeles generosos, y acometen al amor cochino.

Para la época y alguna gente es muy gracioso, tanto que se vuelve moda comprarlo para mostrar a los amigos. Flor de desastre se arma, porque prensa mediante el juego toma estado público. Custer's Revenge es sexista, xenófobo y favorece la violación, se grita. Y encima es pésimo como juego. El incendio se hace cada vez más grande, y para cuando Atari se queja ante la ley y el cartucho es retirado de las tiendas, Mystique ya vendió ochenta mil copias, que equivalen al éxito de algunos clásicos. El daño está hecho y la sociedad vuelve a pensar que los videojuegos son cosa de perversos y mala gente.

De nada sirve que lancen un segundo cartucho de la parejita pero al revés: en General Retreat, el que está atado es el vaquero, y la que esquiva –bolas de cañón en lugar de flechas– es la india vengativa, porque el final es el mismo, hacen el amor y terminan a los besos. Y los besos también están prohibidos.

 


Marvin Clock

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