II. Electromecánica
El tiempo del asombro.

1958

París

Un mapa para conquistar

Es un típico ejecutivo. Pulcro, obeso, de enorme reloj pulsera. Habla a los gritos. Hace dos días partió desde su Salem natal, la de las brujas, para abordar un vuelo y cruzar el océano hasta la Ciudad Luz. Su maletín está repleto de billetes. Su objetivo: comprar los derechos de La Conquête du Monde, un juego de mesa de estrategia inspirado en las guerras napoleónicas. Su compañía, Parker Brothers, lo quiere comercializar en los Estados Unidos porque sabe que va a ser un éxito: un mapa, ejércitos y territorios a conquistar. Y lo más importante, ¡fácil de jugar!

En plena postguerra, París aún no recuperó todo su esplendor. Al ejecutivo le resulta un tanto gris y tristona. Albert Lamorisse, el autor de La Conquête, ya ha ganado algunos premios importantes con sus films. Dos Palmas de Oro y un Oscar al mejor guión. No es poca cosa. Crin blanca (1953) y Le Ballon rouge (1956) serán vistas por el público infantil durante años. En todas sus películas, los protagonistas son niños. Un niño y un burro, un niño y un caballo salvaje, un niño y un globo. En todas, el niño establece una relación intensa con su compañero de ruta. No hay niño con su mascota, ni niño con su juguete. Hay dos seres construyendo una relación de igual a igual, una amistad que se enfrenta con la lógica del mundo adulto, que es la lógica de la dominación y la búsqueda del beneficio. Lamorisse también hace documentales y tiene especial aprecio por la naturaleza y las ciudades vistas desde el aire, como si la cámara fueran los ojos de un pájaro que vuela libremente.

Pero al ejecutivo de Parker le tiene muy sin cuidado toda esa cháchara romántica de cineasta francés. Sin muchos preámbulos compra el juego y al año siguiente lo lanza al mercado con algunas modificaciones, entre ellas, el nombre. Se habla bastante de eso en la reunión de directorio y se decide por Risk. «Riesgo» suena mejor que «conquistar el mundo», que evoca los deseos de algún loco alemán, o peor, ruso.

Risk viene con un tablero que representa un planisferio con sus seis continentes. Tiene cuarenta y dos territorios a modo de países reales. Algunos de sus nombres activan todas las fantasías: Madagascar, Mongolia, Siam, Kamchatka, Siberia, Yakutsk, Irkutsk. Hay dados para los tiros de ataque y barajas donde se asignan territorios y misiones secretas. Unos cubitos de madera coloreados hacen de tropas de los seis ejércitos que deben enfrentarse. El Ejército Rojo, el Ejército Negro y el Ejército Amarillo son los más populares. El verde, el azul y el gris se aceptan, pero con resignación. La artillería se representa con unos pequeños poliedros de forma inexplicable y puntas redondeadas.

Los hermanos Parker saben cómo ganar. Durante la depresión de los años treinta, supieron ver la oportunidad frente a la crisis capitalista más virulenta de que se tenga noticia –irónicamente– con su juego Monopoly. En plena Guerra Fría, un juego bélico, de alianzas y conquista territorial no puede fallar. Y no falla.

El pacifista Lamorisse morirá en su ley. En 1970, su helicóptero se estrellará mientras esté en tierras iraníes filmando el documental Le Vent des amoureux.

 


Marvin Clock

[86:104:148]   84, 85

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